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CRÓNICA (Y REFLEXIONES) QI GONG (CEREZO DE ABAJO) - julio 2007 - por Luis Ángel Barquín

El jueves 26 de julio, a eso de las cuatro de la tarde, fuimos todos llegando poco a poco al Hotel-Restaurante LANGA, establecimiento acogedor en todos los sentidos, al borde de la carretera N-1 en la localidad segoviana de Cerezo de Abajo. Después de los vibrantes reencuentros y saludos, aguardando la llegada de los restantes compañeros, en casi todas las miradas podían percibirse los vapores de una anhelada siesta que nunca llegó a materializarse. Fue en este hotel donde, durante tres días con sus noches, nos alojamos y fuimos dando cuenta, entre chanzas y entrañables conversaciones, de la magnífica y sencilla gastronomía castellana, servida por un camarero peculiar donde los haya, dueño de una personal desenvoltura 'taoista' con que tratar a sus, atónitos al principio y luego encantados, huéspedes y comensales.

En este seminario nos encontramos, como en otras ocasiones, dos promociones sucesivas de la Escuela Dharma: la tercera, que empezó el año anterior, y venía a realizar su examen para obtener el título de Instructor de Qi Gong, y la nueva de este año (cuarta), que emprendíamos nuestro primer seminario intensivo del curso en un entorno natural fuera de Madrid. También se unieron al grupo, aportando su sensible y enriquecedora presencia, Instructores de Qi Gong de promociones anteriores y visitantes muy implicados con la filosofía de la Escuela Wu Chi desde hace tiempo. En medio de nosotros, nuestros maestros de la Escuela Wu Chi, dispuestos una vez más a hacer girar las esferas, ondas y espirales de la comprensión, para hacernos conocer mejor nuestros cuerpos y expandir nuestras conciencias a través de un vía de lenguaje antiquísima y eternamente apropiada para acceder por uno mismo al ámbito de la propia salud, la universal.

En la tarde del jueves, iniciamos el trabajo de Qi Gong bajo la sombra aún cálida de unos árboles en las cercanías. Como grupo, no estábamos del todo metidos en faena, pero pronto empezó a aguzarse nuestra percepción con el efecto de despertar la sensibilidad de las manos, activar la visión periférica, conectar la lengua con el paladar y adoptar con cabeza y cuello el perfil de un pato.

Después, desbloqueamos todas nuestras articulaciones, y desde esa conciencia, iniciamos cada uno un movimiento libre del cuerpo, respetando al máximo los principios aprendidos de la coordinación y sincronía entre las doce articulaciones principales de brazos y piernas, tratando de que girasen alrededor de nuestro centro a la vez que permanecía activada nuestra percepción sensible en manos, visión, lengua y paladar, etc. Caminamos primero separadamente, y luego contactando levemente entre nosotros para desarrollar la restauración del equilibrio dinámico cuando se veía alterado por un compañero. Nuestras tensiones se fueron alejando, permitiéndonos después entrar en espirales que nos ligaban con la tierra que pisábamos y el cielo que nos cubría, haciendo girar el mundo a nuestro alrededor mas sin la sensación de ego. Finalmente, y dispuestos en círculo alrededor de los maestros, formulamos preguntas desde al anhelo por comprender, nos escuchamos con atención, y concluimos con las siete respiraciones al Astro Rey, que ya se desplomaba cerca del horizonte.

Al día siguiente, nos citamos en la antesala de la aurora para ir a practicar en el mismo pueblo, en un lugar elevado, tras su Ermita. El madrugón cobraba nuevas dimensiones para mí al ir mi yo ofreciendo cada vez menos resistencias a la situación, que al principio me resultaba algo forzada. El trabajo a esas horas alberga unos singulares matices que hay que descubrir en carne propia, observando, sintiendo, disfrutando, para que todo ello se grabe en nuestro cerebro de la mejor manera posible. Los gallos nos ayudaron a sentirnos pioneros en la madrugada, y otras aves volaban ya o trinaban a las últimas estrellas. Tras el intenso trabajo, el desayuno fue de lo más reparador en el porche del restaurante del hotel, junto a los compañeros.

Después, acudimos a la cita con nuestra segunda sesión del día, y tras unos ejercicios de ondulaciones en solitario o en pareja en el lugar previsto, tuvimos que trasladarnos a otro paraje, más alejado y propicio, donde logramos completar nuestro trabajo de la mañana, cobijados por las trenzadas sombras de un magnífico bosque de enebros. Allí, los de la cuarta promoción tuvimos la ocasión de descubrir el exigente y fascinante mundo del estiramiento de los meridianos tendido- musculares, que según la Medicina Tradicional China están íntimamente ligados respectivamente a un órgano o víscera del cuerpo. Primero, contemplamos cómo los maestros y los veteranos estiraban por orden los seis primeros meridianos citados, de los doce existentes, en el orden correcto: pulmón - intestino grueso - estómago - bazo - corazón - intestino delgado. Después, ayudados por uno de los expertos, bajo la atenta vigilancia de nuestros maestros, abordamos los estiramientos con aceptable acierto y gran entusiasmo, llevándonos para siempre vislumbres de un tesoro casi enterrado.

Después de la comida, nos trasladamos al lugar donde acometeríamos el resto de la práctica de media mañana y de tarde del seminario: un espacio en un bosque cercano, en dirección a la cordillera que divisábamos. Este sitio mágico, que disponía de una fuente de dos caños por los que caía fresca el agua, asentó de manera invisible el trabajo venidero y nos proporcionó momentos únicos, llenos de empatía, humor y hondo aprendizaje. Esa misma tarde, continuamos puliendo entre todos el trabajo de estiramiento de los meridianos, haciendo hincapié, los nuevos, sobre los seis primeros, y los veteranos, sobre el total de doce. Reinaba un ligero nerviosismo entre algunos de los que se examinarían al día siguiente, sábado, lo cual pudimos certificar durante la velada con sus postreros repasos al contenido de su curso de casi dos años.

Al día, siguiente, subimos aún más temprano a la era donde trabajamos el alba anterior. Allí, nos aguardaban ya nuestros maestros de la Escuela Wu Chi. Después de un completo trabajo en común, primero de calentamiento y respiraciones energizantes, y después de desbloqueos articulares y traslaciones caminantes según las ondas generadas por los supuestos patos, grullas, tortugas, dragones y danzarines que simulábamos ser, respetando los principios y secuencias del movimiento coordinado articular desde el centro, nos dividimos en dos grupos: el de los que se examinaban del trabajo estático del curso -los distintos Pakuas o la Postura del árbol-, y el de los restantes, en el que primero nos ejercitamos en parejas, tratando de mover al compañero con la energía de la ondulación, y después meditamos por unos minutos, abrazados al árbol de la vida ante la incendiaria pupila del Sol que ascendía desde hacía una hora ya por el azul.

Tras el refrigerio en forma de desayuno y buena compañía, acudimos otra vez al lugar clave, para introducirnos, los nuevos, en el trabajo de torsiones del seminario, que para el resto era de repaso. Al poco, pudimos todos sentir cómo nuestros brazos, piernas y troncos, eran escurridos por nuestras voluntades como si de unas simples toallas mojadas se trataran. El trabajo se realizaba en todo momento con los ojos abiertos en coherencia energética con la activación y tonicidad que proporcionan a nuestro ser las torsiones bien ejecutadas. En distintos planos y direcciones, hicimos rotar y contrarrotar nuestros huesos, músculos y tendones, colmando de buen ánimo cada corazón.

Tras la comida de mediodía, acudimos, otra vez encantados, al lugar del encanto. Nuevamente mantuvimos separados al principio los dos equipos, realizando los noveles trabajos de estiramiento de meridianos. Después, nos unimos al resto del grupo para presenciar la ronda de singulares exámenes de los integrantes de la tercera promoción. Cada uno de los examinados nos dio al resto del grupo una breve clase de Qi Gong, mostrándonos primero en silencio la ejecución de cada ejercicio, luego explicando con detalle y elocuencia los objetivos, y los detalles posturales y médicos, de la secuencia de movimientos, y al final tratando de responder lo mejor posible a las preguntas de los asistentes a la clase, maestros incluidos. Los aspirantes a Instructores de Qi Gong, hicieron todos gala de la serenidad necesaria para salvar mejor o peor los obstáculos a que fueron sometidos por los alumnos del momento, y dieron muestra de su buen hacer y sus conocimientos en este difícil arte de lo interno. Al final, uno de los examinados más afectados por el examen manifestó que ¡todo el examen había sido grabado en audio!, como prueba de las 'agudas' preguntas de los novatos, y otro de ellos, comentó, con cierta ferocidad y en clave de Sol, que alguno de los preguntones podría terminar haciendo Qi Gong 'en silla de ruedas', esperando vernos otra vez cara a cara el año siguiente en el examen de nuestra cuarta promoción, por las mismas fechas.

Afortunadamente, la sangre no llegó al río más cercano, e ilesos todos, pudimos dar cuenta de la excelente cena en el comedor del hotel. Después de la misma, a eso de las once, acudimos a la era del pueblo, para realizar un hermoso trabajo de hermanamiento y ofrenda grupal con, y hacia, la Luna, prácticamente llena durante la velada. Logramos caminar en fila india, nosotros junto a nuestras sombras lunares, como una cuerda que, unas veces trataba de enroscarse sobre sí misma, y otras, unir sus extremos de humanidad, a diferentes velocidades, lo más constantes posibles. También respiramos todos alineados y con las manos unidas frente a ella, o mejor dicho, dejando que ella nos respirase con su aliento purificador. Fue una noche especial sobre todo por la sencillez de los gestos y actitudes al realizar algo sublime: casi en pleno silencio, como un solo ser nocturno.

A la mañana siguiente, emprendimos la última sesión de Qi Gong antes del desayuno. Fue parecida a la de la mañana previa, quizá más hermanada y relajada aún, concluida con la hermosa y elegante forma de San Jiao, ofrendada por todos nosotros al Sol que ya reinaba poderoso. Tras el desayuno, retornamos al paraje clave del seminario, y realizamos todos juntos un breve y concienzudo trabajo de torsiones de una hora más o menos. Después, nos sentamos en círculo para realizar la puesta en común que remataba el seminario, y en su transcurso, fuimos espontáneamente expresando nuestro respeto, admiración y agradecimiento por la actitud y presencia del resto de nuestros compañeros y de nuestros maestros durante estas tres intensas jornadas. Para terminar, Gema, una de mis compañeras de promoción, tuvo la gentileza y el talento de deleitarnos con su exquisita

cerrando de manera simbólica el círculo humano que habíamos cerrado ya entre todos desde hacía rato. La sana emoción del momento nos embargó a todos por unos minutos y, arrojados nuevamente al estado de apetito con la cercanía del almuerzo, regresamos al hotel donde compartimos animosos nuestra última mesa y mantel del mes de julio.

Las despedidas fueron de júbilo, cariño y toma de conciencia de que, por unos días, nos habíamos demostrado a nosotros mismos y al mundo natural, que es posible vivir a lo grande sin estruendo, rivalidad ni ostentación, y que la verdadera riqueza del ser humano consiste en habitar, con cariño y atención constantes, todos y cada uno de los rincones de este cuerpo que nos servirá de morada por unos años, que siempre nos sirve con lealtad aunque a menudo lo tratemos con ingratitud desde la 'superioridad' del intelecto, confundiéndolo con nuestro esclavo.

Muchas gracias a todos, compañeras, compañeros, y a nuestros maestros de la Escuela Wu Chi, por estar con sencillez, por simplemente ser. Un fuerte y cálido abrazo a todos los Chikuneros y Chikuneras.

REFLEXIONES DEL SEMINARIO

En una de sus citas, Antonio Machado (Poeta español; 1875-1939) decía: Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura'.

De sus 'Proverbios y Cantares', quiero extraer los tres siguientes: Despacito y buena letra:/ el hacer las cosas bien,/ importa más que el hacerlas. Despertad cantores:/ acaben los ecos,/ empiecen las voces. No es el yo fundamental/ eso que busca el poeta,/ sino el tú esencial.

Por otro lado, Arquímedes de Siracusa (inventor, matemático y físico griego; 287-212 aJC),

dijo: Dadme un punto de apoyo, y moveré la tierra.

Además, guardo para mí esta cita de Lucio Anneo Séneca (Filósofo, poeta y orador latino, nacido en Córdoba; ¿4? a JC-65 dJC): Estudia no para saber algo más sino para saber algo mejor.

De Francesco Petrarca (Poeta y humanista italiano; 1304-1374), he encontrado esta otra, digna de mención: Quien puede decir cuánto ama, pequeño amor siente.

Finalmente, me quedo con estos tres pensamientos de Antoine de Saint-Exupéry (Escritor francés; 1900-1944): Amar no es mirarse el uno al otro, es mirar juntos en la misma dirección. La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio. No pregunto al hombre cuál es el valor de sus leyes sino su poder creador.

Considero que, asimilando estas diez reflexiones, casi podríamos alzar y sostener el entramado, aprehender la esencia, de este Seminario intensivo de Qi Gong, del cual he podido y querido formar parte en este julio que ya se nos escurre. Seguidamente me referiré a ellas con mayor profundidad y detenimiento.

En la primera cita, Antonio Machado nos habla de mantener el contacto con el suelo, la tierra verdaderamente firme. En Qi Gong, el elemento tierra, tanto en su concepción amplia, nuestro planeta, como en la percepción que tenemos de ella cual suelo que nos ayuda a ponernos en pie y sostenernos, es siempre el origen de nuestra práctica e integración. Como cuerpos, un día retornaremos a su seno. Siendo seres conscientes de ella como un inmenso organismo vivo con alma propia, podremos sentirnos, por fin, los agradecidos huéspedes de su maravillosa morada: nuestro Hogar.

Al ejercitarnos en Qi Gong, nuestros pies están habitualmente descalzos, protegidos por calcetines o por un calzado cómodo de suela plana sin tacón. Nuestra verdadera estatura humana queda patente, así, todos los días de la práctica.

La relación y actitud con que se imparte y aprende el Qi Gong en la Escuela Wu Chi, es horizontal. El maestro de nuestra Escuela no se siente superior al aprendiz, ni éste inferior a aquél. Desde un respeto e interés genuinos, se tratan de desarrollan el esfuerzo y el disfrute con equilibrio, y se abordan la investigación continua del método y sus efectos a corto, medio y largo plazo en nuestros cuerpos y psiques. También se busca el intercambio de información entre todos sobre cómo va cambiando el Qi Gong la relación con nosotros mismos, con las personas de nuestro entorno emocional más cercano, y con la naturaleza como telón de fondo. Aquí y ahora, no nos podemos permitir el lujo actuar con complejos de ningún tipo ni desde actitudes insanas, pues ello constituye una barrera demasiado difícil de franquear para un 'corazón Qi Gong'.

Durante este seminario, nuestros maestros manifestaron varias veces que en Qi Gong es primordial la calidad de la práctica, la actitud o estado de atención donde nos hallemos antes, durante y después del ejercitamiento. Esto se fundamenta en el componente de meditación tan grande y profundo que ha de tener cualquier postura o ejercicio de Qi Gong. Se trata de vincular nuestro tiempo diario de práctica del arte con el resto de horas del día, con el objetivo real de extender al máximo posible el estado meditativo alcanzado. Por ello, no transformará nuestras vidas el practicar Qi Gong cada día de forma repetitiva por espacio, por ejemplo, de cinco horas, y sí lo hará el efectuar los ejercicios con intensidad, suma atención, disfrute y máximo olvido de nuestros problemas y quejas, aunque la sesión diaria sea sólo de sesenta minutos. Esto conecta claramente con el primer proverbio de Machado: Despacito y buena letra:/ el hacer las cosas bien,/ importa más que el hacerlas.

La cita de Lucio Anneo Séneca –Estudia no para saber algo más sino para saber algo mejor– podría servirnos como complemento al primer proverbio de Machado, resaltando que el acopio de conocimientos, por sí solo, no nos convertirá en más felices, cariñosos o lúcidos, sino que lo que cuenta es saber cada vez más profundamente aquello que hemos elegido estudiar, aunque sea una sola disciplina del conocimiento humano. En este sentido, Machado trató de trasmitirnos siempre 'unas pocas palabras verdaderas', y creo que lo consiguió con holgura. El 'menos es más', en el que tanto insisten los maestros de cualquier arte, también de la Escuela Wu Chi, es también muy revelador.

La cita segunda de Antoine de Saint-Exupéry -La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio- ,añade a lo expuesto en los dos párrafos precedentes una profunda comprensión que nos devuelve sin esfuerzo al aquí y ahora cada vez que perdemos el estado meditativo que nos propone el Qi Gong. La huida sería traducida aquí como evasión del presente en dirección a nuestros recuerdos o deseos, perdiendo la oportunidad de mirar lo nuevo cara a cara. Si nacemos y morimos siempre en el momento presente, ¿cómo podría escapar a su influjo el periodo comprendido entre nacimiento y muerte?

En su segundo proverbio, Machado expone: Despertad cantores:/ acaben los ecos,/ empiecen las voces. Y algo a tener siempre en cuenta, es que el auténtico Qi Gong se nutre de artistas. El artista de Qi Gong posee una naturaleza rebelde por la que no se avergüenza de ir desarrollando su individualidad, su singular expresión, la manera de crear el sentido de su vida y de su arte. Ello le sitúa en muchas ocasiones en una soledad elegida, que podrá resultarle árida. En realidad está subiendo una montaña, real e imaginaria. En el ascenso contempla cómo hay cada vez menos seres humanos con los que comunicarse a cualquier nivel, e incluso menos seres vivos, penetrando, a medida que se acerca a la cima, en un territorio inexplorado donde sólo se escuchan el propio latido y el miedo absoluto. Por esa senda propia, se crece en bienestar pese a que el sufrimiento se acentúa. Por esa senda, la comodidad no es ya una prioridad para él. Ese tipo de soledad nos acerca realmente a los demás, al universo, porque los sentimos más dentro, aunque nos advierte de las crecientes dificultades que encontraremos. Pese a ello, si por casualidad causal nos encontramos con un peregrino buscador en esas devastadas altitudes, el gozo de nuestra comunicación con él en múltiples planos será tal, que nos compensará con creces de los sinsabores padecidos.

El eco aquí es repetición, hastío inminente e incipiente frustración. También es insensibilidad, debilitamiento de la conciencia. Por ello Machado y los maestros de la Escuela Wu Chi anhelan que nos convirtamos en cantores, llenando de musicalidad nuestra práctica de Qi Gong, nuestro arte, nuestra vida.

Al hilo de lo anterior, Antoine de Saint-Exupéry nos dice en su tercera cita: No pregunto al hombre cuál es el valor de sus leyes sino su poder creador. No añadiré nada a este pensamiento, pues lo considero elocuente en grado sumo.

Con todo mi respeto para la palabra 'amor', y para el Amor, hoy considero que Amor es la búsqueda del tú esencial, jamás del yo fundamental, como nos advierte Machado en su tercer proverbio. También nos dice que el poeta o artista, el ser humano rebelde de verdad, se ha de ver impulsado en busca de ese tú esencial, e interpreto dicha búsqueda como el afán último de trascender su propio arte para llegar al 'yo soy tú' del poeta portugués Fernando Pessoa, al que también aluden los místicos. En Qi Gong hablamos a menudo de las puertas que nos permiten el acceso al sentir, dejando atrás el pensar con desmesura. Sintiendo, la vida comienza a ser tal, y los recuerdos de ella son mucho más amplios y matizados, más psicodélicos, menos ligados al yo. Por ende, se comparte más y mejor todo lo bueno. Lo malo se expone con sensibilidad y criterio para que pueda secarse al sol. La armonía deja de ser un mero concepto, y nos invade su frescor, su gracia.

Antoine de Saint-Exupéry, en su primer pensamiento nos dice: Amar no es mirarse el uno al otro, es mirar juntos en la misma dirección. Pues bien, en este seminario he podido sentir en muchos instantes cómo todos mirábamos en una única dirección. Sin dejar de tener conciencia individual, apoyándonos en ella, logramos sentirnos como un solo ser, y de esa manera el corazón del grupo pudo sintonizar con el del Sol, de la Luna y el del Mundo, que nos bendijo en algún momento. Si eso fue Amor, no lo sé con certeza plena. Sólo Intuyo que el tiempo nos revelará las consecuencias de este mirar juntos con una sola pupila.

Por otra parte, Arquímedes de Siracusa expresó 'Dadme un punto de apoyo, y moveré la tierra', que resume el principio de la palanca. Nos es de sobra conocida la fuerza prodigiosa que desarrolla la palanca, barra rígida apoyada sobre un punto llamado fulcro, según definición de la mecánica física, teniendo por una parte la resistencia, que es lo que se quiere levantar o mover, y por otra, la fuerza. La distancia que hay entre el punto de apoyo y la fuerza es el "brazo de palanca", que puede ser igual o desigual, como la balanza y la "romana", en la que al ser el brazo del peso muy corto y el de la fuerza muy largo, permite pesar toneladas con gramos. Si el brazo de la palanca es suficientemente largo, un solo gramo es capaz de contrapesar muchas toneladas.

Tanto en el Qi Gong como en el Taiji Quan (Tai Chi Chuan) que aprendemos en la Escuela Wu Chi, nuestro punto de apoyo es el 'Dan Tien', literalmente "Campo de cinabrio (mineral compuesto de azufre y mercurio, muy pesado y de color rojo oscuro, del que se extrae, por calcinación y sublimación, el mercurio o azogue)". Referido a estas dos artes de lo interno, se trata de nuestro centro físico, energético y de control de los movimientos. Fisiológicamente se corresponde con la presión abdominal entre el diafragma torácico y el pélvico, así como el desarrollo del sistema nervioso entérico. Coincide con la visión de centro energético, cuyo potencial es susceptible de desarrollar, de otras tradiciones. En multitud de ocasiones, he escuchado de otras bocas o de la mía propia, la idea aproximada de que el mundo no puede ser cambiado y hemos de resignarnos a la fatalidad de lo que se nos viene encima. Sin embargo, el mundo y la sociedad en que vivimos sí que pueden ser trasformados basándonos en la comprensión de que la sociedad es el conjunto de todas las relaciones entre los seres humanos, y que si yo cambio, mis relaciones con los demás (personas, animales, plantas, naturaleza...) han de cambiar tarde o temprano. Ello puede suponer una tremenda revolución si cada vez más personas empiezan a transformar sus vidas, sus actitudes hacia sí mismos y hacia el resto del mundo.

Nuestros maestros de Qi Gong y Tai Chi Chuan de la Escuela Wu Chi nos insisten en que el movimiento ha de girar alrededor del centro, Dan Tien. Desde esta perspectiva, el centro energético del Universo puede encontrarse en cualquier lugar. También en nuestro Dan Tien. Si queremos actuar o no, girar, trasladarnos, sentir, pensar, aquietarnos, meditar o emprender cualquier camino o aventura, lo habremos de hacer desde ese centro energético para que el impacto y alcance en nuestra vida, y en el Mundo, sea lo más profundo y amplio posible.

Intuyo que Arquímedes lo sabía: podemos apoyarnos en nuestro centro y mover la Tierra, y también el Mundo entero. Sólo es cuestión de probar sin desmayo y con confianza, sonrientes.

Por último quiero referirme a la cita escogida de Francesco Petrarca: Quien puede decir cuánto ama, pequeño amor siente. Entroncando con lo anterior, Lao-Tsé (o Laozi) escribió en su célebre 'Tao Te King': El Tao que puede ser expresado no es el Tao perpetuo. Y además, en este seminario, nuestros maestros nos ha recalcado una vez más: Quien habla de Qi Gong, no hace Qi Gong.

Sobre estas tres frases, sólo puedo decir: A buen entendedor, ...

Sin más demora, me despido de todos vosotros. Os confieso que este seminario intensivo de Qi Gong ha supuesto para mí una suma de experiencias inolvidablemente ricas, a través de las cuales la percepción de mis propios límites humanos ha cambiado sustancialmente: ahora los veo cada vez más lejos, sintiendo con mayor nitidez vuestra cercanía y la del mundo natural en esta cotidiana aventura del vivir.

Por último, y para cerrar el círculo, incluyo  mi poema CERO – Wu Chi –, antes mencionado.

Madrid, 31 de julio de 2007.

CERO

-Wu Chi-

A la 'Escuela Wu Chi'

Sólo un cero puede amarte, conocerte,

saber, de verdad, qué vigas te equilibran,

que pilares te sostienen sin esfuerzo.

Sólo un cero, representante no electo

de los sin número, sabe

cómo te sientes a veces:

ágil, sin huella, desnuda.

Un cero puede mirarte

desde dentro, hacerse chico, diminuto, un punto sólo,

ser tu centro.

Un cero puede abrazarte inmensamente,

ser tu sombra, acompañarte sin que puedas darte cuenta,

como el aire.

Sólo un cero entiende tu soledad,

y hace una fiesta con ella;

Sólo él

busca y disfruta tu ausencia.

Un cero vela tu sueño cuando la luna se esconde.

Un cero te abre las alas del futuro. Un cero pone en tus manos el espacio donde puedes refugiarte cada día.

Sólo un cero te ha querido desde siempre, sólo en él te sientes llena,

sólo en él todo es posible, sólo él no te lastima.

Sólo él, un hueco, nada, sólo un cero.

Luis Ángel Barquín

Madrid, 22 de marzo de 2007

CRÓNICA (Y REFLEXIONES) QI GONG (CEREZO DE ABAJO) - julio 2007 - por Luis Ángel Barquín

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